Hay ciudades que guardan la memoria de sus escritores en una placa o una estatua. Comitán decidió hacerlo de una forma más viva: con un festival entero dedicado a las artes y las culturas del mundo, que lleva el nombre de Rosario Castellanos. Cada año, este Pueblo Mágico del sureste mexicano abre sus calles, plazas y foros a la música, el teatro, la literatura y la danza para rendir homenaje a la mujer que convirtió su infancia comiteca en algunas de las páginas más poderosas de la literatura mexicana.
¿Quién fue Rosario Castellanos?
Para entender el festival hay que empezar por ella. Rosario Castellanos nació en la Ciudad de México el 25 de mayo de 1925, pero apenas unos días después su familia la llevó a vivir a Comitán, donde pasó su infancia y adolescencia. Esos años marcaron todo lo que escribiría después.
Creció en una familia terrateniente, rodeada de una realidad que pocos se atrevían a nombrar: la desigualdad entre los dueños de la tierra y los pueblos indígenas de la región. Cuenta la tradición que gracias a su nana aprendió a escuchar las historias y leyendas de los pueblos originarios, una cercanía que más tarde se volvería mirada crítica en sus novelas. Desde niña observó cómo los indígenas de Comitán vivían bajo un sometimiento tan profundo que ni siquiera podían caminar por las banquetas.
Con el tiempo se convirtió en poeta, novelista, ensayista, dramaturga, periodista, maestra y diplomática. A lo largo de su obra la movió una preocupación central: las desventajas que enfrentaban las mujeres y los grupos marginados. Por eso hoy se le considera una de las grandes pioneras del pensamiento feminista en México.
Su carrera fue intensa: trabajó en el Instituto Nacional Indigenista en Chiapas, dio clases en la UNAM y en universidades de Estados Unidos, y escribió más de 500 artículos para Excélsior desde 1963 hasta el final de su vida. En 1971 fue nombrada embajadora de México en Israel, donde murió en 1974, con apenas 49 años, a causa de un accidente doméstico. Sus restos descansan en la Rotonda de las Personas Ilustres.
En Comitán nunca dejaron de considerarla suya: los comitecos la siguen llamando con cariño «doña Rosario».
Comitán en la obra de Rosario
Si hay una novela que une para siempre a la escritora con su ciudad es Balún Canán (1957). Narrada en buena parte desde los ojos de una niña, retrata la vida en Comitán y en las fincas cercanas durante los años de la reforma agraria, con todas sus tensiones entre patrones e indígenas. Leerla antes de visitar la ciudad es casi una guía emocional: muchas de sus calles, costumbres y paisajes siguen ahí.
Junto con Oficio de tinieblas (1962), estas novelas reconstruyen con precisión el ambiente social, religioso y casi mágico del Chiapas de mediados del siglo XX.
¿Qué es el Festival Internacional Rosario Castellanos?
Es el gran encuentro cultural de Comitán y una de las tradiciones más representativas de la ciudad, al lado de celebraciones como la Feria de San Caralampio. Su nombre completo, Festival Internacional de las Culturas y las Artes Rosario Castellanos, resume bien su espíritu: una fiesta abierta a todas las disciplinas artísticas y a creadores de distintas partes de México y del mundo.
El festival ha ido sumando ediciones durante más de dos décadas, y en cada una la ciudad se transforma en un gran escenario. Aunque el programa cambia de un año a otro, ofrece:
- Música: conciertos que van de la marimba y la música tradicional chiapaneca a propuestas contemporáneas e internacionales.
- Teatro y danza: puestas en escena, compañías invitadas y grupos folclóricos.
- Literatura: lecturas de poesía, presentaciones de libros, charlas y homenajes a la obra de Rosario.
- Artes visuales: exposiciones de pintura, fotografía y artesanía.
- Actividades para toda la familia: espectáculos al aire libre, talleres y eventos en plazas públicas.
Programa Festival 2026
Fechas: del 19 al 22 de noviembre
el programa se publicará en cuanto se dé a conocer
Lugares para conocer a Rosario en Comitán
El festival es el pretexto perfecto para recorrer los sitios de la ciudad ligados a la escritora:
- Museo Rosario Castellanos. Ocupa una casona de 1900 y recorre la vida y la obra de la autora. Es una visita obligada para entender quién fue.
- Centro Cultural Rosario Castellanos. Se encuentra en el antiguo convento colonial que después fue cuartel, oficinas y escuela secundaria. Ahí estudió Rosario, en el plantel que dirigía su padre en 1939. Hoy alberga actividades culturales y un mural que narra la historia de Comitán.
- Avenida Rosario Castellanos. En 1975, un grupo de estudiantes pidió a las autoridades que la Primera Avenida Oriente llevara su nombre, justamente porque ahí estaba la escuela donde había estudiado.
- Busto de Rosario Castellanos. Un punto de encuentro y de fotografía para quienes visitan la ciudad siguiendo sus pasos.
Aprovecha tu visita a Comitán
Comitán de Domínguez es Pueblo Mágico y vale la pena quedarse más días. Su centro histórico, con casonas de colores, calles empedradas y templos coloniales, se recorre fácilmente a pie. Además del festival, puedes visitar el Orquidario y Jardín Botánico de Comitán, la casa-museo de Belisario Domínguez (otro comiteco ilustre), y hacer excursiones a los Lagos de Montebello o a la cascada El Chiflón, ambos a poca distancia de la ciudad.
Consejos para disfrutar el festival
- Lleva abrigo. Comitán está en zona alta y por las noches refresca, sobre todo en otoño.
- Reserva hospedaje con anticipación. En fechas del festival la demanda de hoteles aumenta.
- Revisa el programa diario. Las actividades se reparten entre varias sedes; planear tus días te ayudará a no perderte lo que más te interesa.
- Prueba la gastronomía local. El comiteco (licor tradicional de la región), los tamales de la región y el pan local son parte de la experiencia.
- Lee a Rosario antes de ir. Si no sabes por dónde empezar, prueba con Balún Canán, con su poemario Poesía no eres tú o con el ensayo Mujer que sabe latín. Verás la ciudad con otros ojos.
Un homenaje que sigue vivo
Rosario Castellanos escribió sobre la injusticia, la soledad, la condición de las mujeres y la dignidad de los pueblos indígenas en una época en la que pocas voces lo hacían. Que su ciudad la recuerde cada año con música, teatro y poesía en las calles es quizá el homenaje más fiel a su legado: el arte como un espacio compartido, abierto y para todos.
